Un hombre es esclavo de sus palabras y si no cumple con la promesa dada puede convertirse en esclavo de una mentira, así, que como finalmente parece que estamos destinados a ser reos, prefiero serlo de mi promesa.
Le tengo prometido a mi novia-esposa una cena para sorprenderla. Ahora bien, tengo un problema, ¿podré llegar a cumplir la palabra dada en su totalidad? No es fácil. Entre ella y yo, el factor sorpresa culinario está más reducido que el aforo máximo de un seiscientos. El no ser poseedor de un horno tampoco ayuda a ofrecer una amplia oferta gastronómica. En un par de ocasiones similares me salvaron unas empanadillas y un solomillo. En esta ocasión va a tener que venir Mc Giver a echarme una mano... o un poquito de sal.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Hola, Dani. Soy Lore (aprendiz de cocinera con tomate de bote) y pese a que mis conocimientos no alcanzan la eminentísima sapiencia de McGiver, sabes que puedo darte algún truquillo-consejo culinario de última hora. Ah, el horno de mi casa también te ofrece sus servicios, aunque, claro, luego tendrías que recalentar la cena en el "micro" y yo no sé si quedaría igual y si tu novia-esposa notaría la diferecia. En cualquier caso, enhorabuena por el blog. Espero que sigas escribiendo en él a menudo. Besos de la "perduta menor".
Publicar un comentario