Ayer fue San Juan. Esta es una noche que aúna magia, alegría, diversión y gratos recuerdos de un pasado más sentido en la mayoría de los malagueños.
Anoche quedamos todos los amigos para comer pescaíto en un merendero. Digo "merendero" porque soy de los que les gusta esa denominación mucho más que la palabra chiringuito.
Conseguimos dos objetivos: reunirnos casi todos y comer bien. Después de una copiosa cena, al filo de la medianoche, fuimos a la orilla para mojarnos los pies. Mientras esperábamos la hora mágica, empezamos a sentir algo de frío por la brisa marina. Para amenizar el rato ( y conseguir algo de calor) al grito de "¡Pingüino!" todos nos agrupábamos lo más cerca posible en busca de calor. Las risas estaban garantizadas y algún tocamiento gay también jajajaja.
A media noche, diciendo adiós al día con más luz solar del año y pidiendo deseos o invocando a la suerte, todos metimos los pies en el agua. Después, como regalo, contemplamos una lluvia de fuegos artificiales. Ahora al escribir estas líneas y rememorar como seguimos escrupulosamente todas las supersticiones que hemos inventado para atraer la buena suerte, me pregunto que deseo pidió cada uno anoche. Yo también pedí el mío, pero ahora me gustaría cambiarlo. Porque si pudiese volver de nuevo al solsticio de verano, pediría que todos los deseos de mis amigos fueran concedidos.
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1 comentario:
Qué bonito Amigo...has conseguido que no pueda pasar sin escribirte. Me encanta la idea de tu blog, además, te pega bastante y lo veo hasta necesario para todos en estos tiempos en los que realmente compartimos días y momentos pero no a nosotros mismos. Un beso muy grande.
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